La tierra se estrecha para nosotros

La tierra se estrecha para nosotros. Nos hacina en el último pasaje y nos despojamos de nuestros miembros para pasar. La tierra nos exprime. ¡Ah, si fuéramos su trigo para morir y renacer! ¡Ah, si fuera nuestra madre para apiadarse de nosotros! ¡Ah, si fuéramos imágenes de rocas que nuestro sueño portara cual espejos! Hemos visto los rostros de los que matará el último de nosotros en la última defensa del alma. Hemos llorado el cumpleaños de sus hijos. Y hemos visto los rostros de los que arrojarán a nuestros hijos por las ventanas de este último espacio. Espejos que pulirá nuestra estrella. ¿Adónde iremos después de las últimas fronteras? ¿Dónde volarán los pájaros después del último cielo? ¿Dónde dormirán las plantas después del último aire? Escribiremos nuestros nombres con vapor teñido de carmesí, cortaremos la mano al canto para que lo complete nuestra carne. Aquí moriremos. Aquí, en el último pasaje. Aquí o ahí… nuestra sangre plantará sus olivos”.

MAHMUD DARWISH (La tierra se estrecha para nosostros).

Lo llaman poda de producción, o de rejuvenecimiento, o de formación… La verdad es que cada invierno tengo tengo las mismas sensaciones des/encontradas con esta amputación tan violenta. Nosotrxs no solemos quemar la poda. La dejamos en un rincón del campo, amontonada, mientras vamos viendo como poco a poco, se va empequeñeciendo… Lentamente… Hasta convertirse de nuevo en compost.

La poda en un mundo antropocéntrico

Conciencia vegetal y agencia en un mundo antropocéntrico.

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La poda es el trabajo más difícil de nuestro trabajo en el olivar. Siento como una amputación en cada una de las ramas que vuelven a la tierra. Cuchillas y caricias. La madre que devora a sus hijxs. Y viceversa.

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“…How can we think, speak, and write about plant life without falling into human-nature dyads, or without tumbling into reductive theoretical notions about the always complex relations between cognition and action, identity and value, subject and object?

A full view of this shifting perspective requires a ‘stereoscopic’ lens through which to view plants, but also simultaneously to alter our human-centered viewpoint. Plants are no longer the passive object of contemplation, but are increasingly resembling ‘subjects,’ ‘stakeholders,’ or ‘actors.’ As such, the plant now makes unprecedented demands upon the nature of contemplation itself. Moreover, the aesthetic, political, and legal implications of new knowledge regarding plants’ ability to communicate, sense, and learn require intensive, cross-disciplinary investigation”. Covert Plants: Vegetal Consciousness and Agency in an Anthropocentric World, Ed. P.Gibson & B.Brits